A veces pensamos que nuestras equivocaciones, nuestras improvisaciones o incluso la maldad ajena pueden frenar los planes de Dios. Sin embargo, la fiesta de San Matías nos recuerda una verdad absoluta: Todo en Dios es perfecto y tiene un propósito.
La Vacante que Dios ya había previsto
La historia de la salvación es una historia de subidas y bajadas. Cuando Judas falló y dejó una vacante entre los doce, no fue el fin del proyecto de Dios. Hacía falta un testigo, alguien que hubiera estado desde el bautismo de Juan hasta la Resurrección.
Muchos hacían sus apuestas, pero Dios tenía Su propio elegido. Así como en los cónclaves a veces los nombres más sonados quedan fuera y surge un cardenal de un pueblo remoto, Matías —quien no figuraba en los primeros planos de los Evangelios— estaba grabado en la mente del Creador desde el principio.
“Mis planes no son vuestros planes, ni mis caminos son vuestros caminos, dice el Señor.”
El Combate Interior: ¿Quién gana hoy en tu corazón?
Lo más profundo de este mensaje no es solo histórico, es psicológico y espiritual. Dentro de cada uno de nosotros habitan dos realidades en constante tensión:
El Judas interno: Ese rincón camuflado que sale con reacciones violentas, palabras que dañan la paz y desánimo que actúa como una cortina frente a la luz. Es el que nos hace preguntarnos con arrepentimiento: “¿Por qué dije o hice eso?”.
El Matías interno: El hombre de luz, el elegido, aquel que llega para completar el equipo y devolver la esperanza. Es nuestra capacidad de ser “sorpresa de Dios” para los demás.
El Plan de Dios es invencible
La gran enseñanza de esta historia es que el proyecto de Dios no se agota en una persona mala. A lo largo de los siglos han aparecido muchos “Judas” que han intentado frenar a la Iglesia o a nuestras propias comunidades, pero la obra sigue en pie porque su autor es perfecto.
Dios utiliza incluso las dinámicas que no comprendemos —un jefe difícil, un gobernante polémico o una crisis personal— para modelar nuestro corazón.